NACIONALIDADES
Muchos autores presentes en el Oñomástikon aparecen con dos nacionalidades:
García Bacca, Juan David, (1901-1992) filósofo español venezolano Hempel, Carl Gustav, (1905-1997) filósofo alemán estadounidense
Esta doble asignación significa que el autor o autora nació con una nacionalidad determinada, pero en el transcurso de su vida cambió de residencia viviendo y nacionalizándose en otro país distinto. En primera posición siempre aparece la nacionalidad que le corresponde por nacimiento, en segundo lugar, la nacionalidad de adopción.
He utilizado un criterio eminentemente geográfico para definir la nacionalidad de cada autor presente en el Oñomástikon.
¿Qué criterio usar para adscribir una nacionalidad determinada cuando no existía tal nación? Pero sobre todo ¿Es posible alcanzar un criterio general aplicable en todos los casos por igual? Revisemos las siguientes consideraciones:
Alemania como tal no se fundó hasta 1871. Hasta ese momento lo que hoy llamamos Alemania estuvo conformada por cientos de pequeños estados que compartían una lengua común, pero eran independientes entre sí. Formaban parte del Sacro Imperio Romano Germánico (que englobaba parte de Francia e Italia, Alemania, Austria, Países bajos, parte de Polonia, República Checa…) Sin embargo, afirmamos que Goethe, Schiller o Hegel, por ejemplo, eran alemanes, a pesar que en toda su vida no vieron nada parecido a lo que hoy llamamos Alemania.
Lo mismo sucede con Italia fundada en 1861. Sin embargo, decimos que Giotto, Dante o Galileo eran italianos.
España se fundó en 1492, antes de esa fecha existían una serie de reinos independientes y variables en la península ibérica.
Un personaje del siglo XII de la España cristiana decimos que era español, no castellano, aragonés, leonés o navarro. Pero si el personaje vivía en al’Andalus cambiamos el registro y pasa a ser andalusí, hispanomusulmán, o directamente árabe, judío o musulmán. ¿A qué se debe semejante desigualdad?
Fueron contemporáneos luego la variable temporal hemos de descartarla. También hemos de descartar el criterio racial al no existir unas divisiones claras entre los habitantes de ambas zonas. ¿Tal vez el idioma? En una parte, la llamada España cristiana, dominaba el latín y los primeros balbuceos de lo que posteriormente fueron los idiomas peninsulares (castellano, catalán, gallego…) sin embargo en al’Andalus, se hablaba en árabe o en hebreo. Pero el idioma no puede ser un criterio válido para asignar una nacionalidad, pues existen muchas naciones (como España, por ejemplo) donde coexisten varios idiomas oficiales, además a las personas que en la actualidad hablan en idiomas diferentes del castellano (aunque solo sepan hablar inglés o euskera) las calificamos como españoles.
Entonces ¿La religión? Siempre han existido españoles que no son católicos, hoy en día podemos encontrar católicos, evangélicos, ortodoxos, budistas, musulmanes, ateos, agnósticos… En la actualidad hay millones de españoles que no se identifican con el mayoritario catolicismo y que se sienten y son españoles de pleno derecho. Por lo tanto, la religión no puede ser un criterio válido y coherente para calificar la nacionalidad de un autor.
Una vez eliminamos el criterio temporal, el racial, el lingüístico y el religioso solo nos queda el criterio geográfico como el más objetivo e igualatorio para adscribir una nacionalidad a un personaje determinado.
Por lo tanto, Ibn Gabirol, Ibn Hazn, Maimónides o ibn Arabi son tan españoles como puedan serlos en esa misma época Fernán González, Ramón Llull, Domingo Gundisalvo o Pedro López de Ayala (autores que designamos como españoles antes de la existencia de España).
En los países americanos sucede algo parecido. Durante el siglo XVI todos los autores son nacidos en España. A partir del siglo XVII empezamos a encontrar autores bien nacidos en territorio americano o procedentes de España, cuya vida trascurrió en estas regiones colonizadas donde desarrollaron la mayor parte de su obra literaria o ensayística. En los siglos posteriores, hasta la independencia en el transcurso del siglo XIX, encontramos infinidad de autores con esas características. A pesar de formar parte de la corona española desarrollaron toda su actividad cultural en las regiones americanas.
Ejemplos paradigmáticos son Juana Inés de la Cruz (1648-1695) o Pedro Peralta y Barnuevo (1663-1743). Usando el mismo criterio que se utiliza para los autores europeos, Juana Inés de la Cruz era mexicana y Pedro Peralta y Barnuevo peruano, a pesar de que ni México ni Perú existían, del mismo modo que Maquiavelo era italiano, Goethe alemán o el Arcipreste de Hita español.
También ocurre en los países que colapsaron y se disgregaron en nuevas naciones como sucedió en la Unión Soviética (Rusia, Ucrania, Letonia, Kazajistán, Bielorrusia…), o en Yugoslavia (Croacia, Serbia, Bosnia, Eslovenia…). En todos estos casos he escogido un criterio geográfico para designar la nacionalidad de los autores involucrados. Es decir, en lugar de designar como soviético(a) o yugoslavo(a) a un autor o autora he preferido asignarles la nación que ocupa el lugar o región donde nacieron o desarrollaron su actividad cultural.
Igual sucede con el Imperio Austro-Húngaro o el Imperio Otomano cuya disolución significó el nacimiento de varias naciones. Asimismo, tenemos el caso de los judíos, un pueblo sin estado hasta 1948. Muchos autores europeos y estadounidenses son de ascendencia judía, pero hemos eliminado la raza o la religión como criterio válido para adscribir una nacionalidad u otra. A los autores judíos, sean polacos, estadounidense, rusos, alemanes… se les asigna la nación donde vivieron o desarrollaron su actividad cultural antes que por su raza o religión. A no ser que vivieran o emigraran a la zona que ahora ocupa el estado de Israel.

