ÍNDICE ANALÍTICO

El índice Analítico (también llamado de Materias, de Conceptos o de Términos) es aquel en el que se incluyen los conceptos e ideas expuestas en un libro.

Sin duda se trata del índice más complejo, laborioso y difícil de la actividad indizadora.

Analítico proviene de análisis, definido como el examen detallado del contenido de algo, en este caso un libro. El término «concepto» tiene varias acepciones según los diccionarios, aquí la que nos interesa es la que lo define como una «idea que concibe y forma el entendimiento» (RAE). Es decir, son palabras que encierran una perspectiva. Las unidades básicas, los ladrillos, con las que se construye el conocimiento. Todo conocimiento.

Antes de empezar a confeccionar el índice Analítico, debemos tener claro que índice vamos a realizar. Si va a ser básico (los conceptos más importantes), medio, o más bien minucioso (todos o casi todos los conceptos). En este sentido debemos pensar en la extensión no vaya a ser que de un libro corto hagamos un índice muy extenso o al revés. Tiene que haber un cierto equilibrio. Además, tenemos que tener en cuenta la opinión del editor.

Es importante saberlo desde el comienzo y no cambiar de estrategia sobre la marcha lectora. Para ello ayuda mucho revisar el sumario, la organización de los capítulos y subcapítulos, ver el estilo, la densidad… varios aspectos que nos ayuden a tomar una elección, la más adecuada posible, sobre el tipo de índice que mejor se adapta al libro.

Así como en los índices que hemos analizado anteriormente (Toponímico, de Obras citadas y Onomástico) se insertan en el índice todos los indicadores que encontremos en las páginas del libro o se consideraría que el índice no está bien realizado y es incompleto, en el índice analítico depende de la elección realizada por el indizador para ser más exhaustivo o menos.

En determinados libros muy extensos o muy densos, es necesario escoger algunos indicadores de ideas y conceptos en detrimento de otros para centrarnos en los que consideramos fundamentales dentro de la obra. Podemos elegir según el grado de minuciosidad y detalle que pretendamos para el índice.

Otro tema crucial es saber de antemano que incluir y que no un índice Analítico. Además de las ideas más importantes desarrolladas en el libro, es importante incluir otros hitos del conocimiento citados, como, por ejemplo, teorías, movimientos, escuelas, tendencias, creencias, ideologías… Asimismo, hitos históricos como tratados de paz, conferencias, guerras… Es decir, toda información cultural relevante que relacione el libro que estamos trabajando con otras áreas del saber, en ese sentido el índice cumple una función vital como puente que intercomunica las distintas vertientes del conocimiento.

También es fundamental tener claro lo que no debería contener un índice Analítico. Por ejemplo, conceptos generales que aparecen innumerables veces en el texto y que no son fundamentales en el desarrollo del libro sino más bien tangenciales. Todos hemos visto esos índices donde hay palabras genéricas (amor, vida, libertad, dios…) citadas profusamente hasta llenar la página de referencias numéricas, pero inservibles por la redundancia de datos a revisar. Otro asunto sería que algunos de estos conceptos generales y muy usados sean fundamentales en la estructura del libro, en ese caso se incluirían, pero dividiendo las abundantes referencias en subindicadores.

Los indicadores de tipo analítico, es decir conceptos e ideas, se escriben en minúscula. A no ser que el autor o autores de la obra los ponga en mayúscula como suele suceder a veces (los indicadores de un índice deberían escribirse de la misma manera que aparecen en el texto a indizar).

Cuando un indicador aparece con mucha frecuencia se divide en subindicadores agrupándolos por afinidad o contextos y relaciones similares. Se trata de una labor lenta y ardua pero imprescindible que define la calidad o no de un índice Analítico. Por ejemplo:

pensamiento:    
     emoción frente a:
     premisas en el:
     vida y:
     …

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Hay libros relativamente sencillos de indizar, otros bastante más complicados y hasta existen algunos inindizables. Depende de la organización interna del libro que haya realizado el autor o autores y también de la densidad del lenguaje utilizado. Cada libro es diferente y por lo tanto requiere un ritmo y una intensidad distinta. Los libros donde el contenido se ha pulido con esmero y el material esta ordenado lógicamente en capítulos y subcapítulos resulta relativamente sencillo indizarlos. Otros, en cambio, no tienen esas virtudes organizativas. Muchas veces ocurre que se trata de conferencias, una colección de artículos de diversa procedencia o apuntes por pulir… La infinita pluralidad de los libros hace que nos podamos encontrar con cualquier posibilidad abierta.

Cada indizador tiene un método propio (basado en su experiencia) para construir estos índices y conseguir que sean lo más completos y fiables posible. Aquí no vamos a analizar ningún método concreto, pero si vamos revisar algunos aspectos fundamentales que surgen en el momento de abordar un índice de este tipo.

Lo primero que tenemos que destacar son las limitaciones de la percepción humana. Una metáfora ilustrativa es cuando contemplamos un paisaje, si prestamos atención a los detalles perdemos del enfoque el contexto y cuando contemplamos la totalidad del paisaje nos volvemos ciegos a los pequeños detalles. Este proceso también ocurre cuando realizamos un índice Analítico. Cada persona dispone de un legado cultural propio, creado por sus intereses, formación, experiencia, lecturas… Este legado no podemos obviarlo cuando nos enfrentamos a un índice Analítico, constituye nuestro subjetivismo primordial. Tampoco podemos huir de él o dejarlo colgado en el perchero cuando indizamos. Siempre nos acompaña.

Es evidente que un tipo de conceptos e ideas atraerá nuestra atención antes que otros menos conocidos, la mente humana tiende a resaltar lo que le resulta familiar y dejar de lado aquello nuevo y desconocido. Pero no es lo mismo conocer este proceso y tenerlo presente en la conciencia que mantenerse inconsciente bajo su invisible dominio.

La objetividad en la cultura y en los asuntos humanos no existe. Todo son perspectivas, más o menos incluyentes, pero perspectivas. Nadie posee el conocimiento de todo. Por lo tanto, debemos aceptar esta subjetividad con naturalidad. Un índice nunca podrá ser al cien por cien objetivo, pero si podemos minimizar la sesgada subjetividad teniendo claro en todo momento este punto fundamental mediante una atención despierta.

Un aspecto esencial para realizar un buen índice es la actitud mental. Los procesos cognitivos necesarios para realizar un índice Analítico de calidad requieren de una mente fresca y ágil. Por lo tanto, debemos huir de la saturación. Una mente saturada es una mente desatenta y por lo tanto incapacitada para realizar un índice y casi cualquier cosa (excepto las robóticas y repetitivas) por lo tanto si ese estado nos atrapa, lo mejor es dejar el índice y descansar la mente hasta que recupere su frescor natural.

Para ello existen actividades y técnicas que renuevan la mente saturada. Los paseos, preferiblemente por entornos naturales o parques, suelen ser un antídoto eficaz. También la meditación o ejercicios tipo yoga, tai chi… Cualquier técnica es buena si conseguimos que nuestra mente vuelva a estar receptiva y atenta. En mi caso me vino muy bien el mindfulness. Aprendí varias técnicas hace muchos años gracias a trabajar en varios libros del fundador del mindfulness Jon Kabat-Zinn y desde entonces las he ido puliendo hasta conseguir adaptarlas a mis necesidades.

¿Qué estado mental perseguimos? Imaginemos que contemplamos un paisaje espectacular, pero tuviéramos los pies metidos en un estanque con el agua muy fría. No debemos dejarnos atrapar por lo que estamos leyendo, pero tampoco nos debe dejar indiferentes.